¿Qué es el arte? ¿Lo recuerdan?
Así empezábamos la primera de las entradas de nuestro blog hace unos días. Ante la complejidad de esbozar una definición lo suficientemente holística como para incluir todas las manifestaciones artísticas, tan diversas y complejas, les planteamos acercarnos hasta los predicados del arte. Aún sabiendo que son definiciones parciales nos pueden ayudar a conocer un poco mejor el concepto de arte. En la entrada anterior abordamos los predicados de la autoexpresión, de la experiencia estética y de la aproximación a la realidad. Todos muy interesantes pero ninguno que cumpliera la totalidad de las artes en toda su extensión temporal y de lenguajes.
En esta segunda entrega les hablaremos de otros tres predicados; el de la belleza, el del arte como construcción y el de la provocación. Empecemos por uno de los predicados que más consenso reúne: la belleza. ¡Eres una obra de arte! decimos a aquella persona que es portadora de una belleza despampanante. Si un objeto produce belleza tiene que ser arte, piensan muchos. La pregunta es, ¿aquellos que no estamos enamorados de ese sujeto sentiremos lo mismo? ¿Es acaso la belleza algo subjetivo u objetivo? Esta es la gran pregunta que siempre pone en jaque a la categoría estética por excelencia. Existen teorías más subjetivistas donde lo bello es lo que “a mí me gusta”. Según esta visión solo sería arte aquello que me gusta pero no tiene porqué coincidir con otros sujetos. Y, por supuesto, existen aquellos que abogan por un sentido objetivo de la belleza que afirma que lo bello es aquello que guarda unas determinadas relaciones de orden, proporción y armonía que hace que el objeto que las posea nos parezca hermoso.
Y por si este no fuera ya un problema de difícil solución existe otro que aún complica más este predicado. ¿El arte es solo aquello que produce belleza? La respuesta es rotundamente no. ¿No es arte las pinturas negras de Goya? ¿No es arte las imágenes expresionistas de Edvard Munch? ¿Los autorretratos de Bacon? ¿El informalismo con esa carga dramática, matérica y gestual? ¿El Guernica de Picasso? Podríamos poner infinidad de ejemplos, sobre todo del arte moderno, que sin duda no encajarían en la categoría de la belleza. Y es que no todo el arte guarda unas determinadas relaciones de armonía. Luego no podemos afirmar que el arte sea únicamente productor de belleza. Claro que en muchas ocasiones lo es… Viajemos, por ejemplo, a la Florencia del Quattrocento, o a la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, a la pincelada preciosista de Rafael, a las bellas proporciones del Partenón, a la Victoria de Samotracia, al patio de los leones de la Alhambra de Granada… ¡Cuanta belleza, verdad!
No desesperen que vamos a por el quinto predicado: el arte como construcción. Arte-artesanía y diseño industrial son similares en algunos aspectos pero no iguales. ¿Qué se entiende por artesanía? Los objetos artesanos llevan implícito el sello de “hecho a mano” que lo enlazaría con lo artístico. Aun cuando a veces puede ayudarse de una máquina o utensilio mecánico. Sin embargo seguro que cuando compramos ese botijo de aquel encantador pueblecito que visitamos el verano pasado no pensamos que nos hemos traído una obra de arte en la maleta. Y es que la artesanía tiene un fuerte componente de tradición. Además hay otro rasgo que lo aleja del arte y es la repetición con que se programan sus objetos. Y es que seguramente un botijo muy parecido luce ahora en las casas de otros veraneantes. Digo parecido y no igual porque es en las pequeñas diferencias donde radica su encanto. Su función de uso también será otro handicap.
Vamos ahora a definir el objeto industrial. Sus principales características son el uso y la funcionalidad, además de la seriación. El diseñador trabaja sobre el papel pero después otros, ayudados de medios mecánicos, elaboran la pieza. Me gustaría añadir aquí la incorporación de “edición limitada” que busca prestigiar el objeto acercándolo al arte sin lograrlo, por supuesto. Recuerden que el arte es algo único. No entraré de momento en el desing-art porque entonces las fronteras se vuelven más frágiles.
Lo único que hemos hecho al establecer esta clasificación es saber que el objeto artístico no parte del principio de seriación y que se resuelve como algo único. Pero seguimos sin tener esa definición. Y solo nos queda un predicado: el arte como vehículo de provocación.
Desde las vanguardias históricas, especialmente desde el dadaísmo, el arte busca impactar y sorprender al espectador utilizando tácticas de choque. El público moderno muchas veces siente ansiedad ante el objeto artístico. Piensen en la famosa pieza ‘Comedian’ de Maurizio Cattelan (la banana pegada a la pared con cinta adhesiva). Y es que el arte a partir del siglo XX prima la búsqueda de la novedad, la subversión y alterar al público (no agradar como antes). La sacralización del arte quedo en entredicho con los dadaístas.
Así que llegados a este punto y casi final solo tenemos clara una cosa: la definición del arte es algo cambiante que seguirá poniendo en jaque al mundo artístico. Así pues… Bienvenidos a un mundo sin certezas, un mundo maravilloso donde un objeto inútil se convierte en una fuente de emociones. ¡No se pierdan las próximas entregas!