ARQUITECTURA DEL MAR
La obra del artista Santiago Rebollida siempre ha sido un viaje hacia el origen: un diálogo entre la memoria emocional y la memoria genética que nos vincula, de manera silenciosa y profunda, al mar. Desde sus primeras inmersiones en la infancia hasta la constatación adulta de la degradación de los ecosistemas marinos, su trayectoria creativa se ha construido sobre una certeza íntima: la belleza que sentimos frente al mar no se inventa, se recuerda. Surge de un territorio ancestral donde forma, color y textura fueron, desde antes de la existencia del arte, el marco evolutivo que moldeó nuestra sensibilidad.
En TEMPUS-Arquitectura del Mar, su próxima exposición en MATTER Madrid prevista para el próximo jueves 4 de diciembre de 2025, Rebollida lleva esta reflexión a su expresión más madura. Las piezas monumentales que presenta no buscan representar el fondo marino, sino continuar su gesto creador. Son relieves que parecen emergidos de un tiempo profundo, superficies que evocan las losas erosionadas donde la vida se abrió camino millones de años antes que nosotros. La materia se convierte en memoria; el color, en emoción heredada; la textura, en el eco de un origen compartido.
TEMPUS es, más que una exposición, un umbral: el punto donde confluyen biografía, conciencia ecológica y una investigación estética que interroga la raíz misma de la creación. Cada obra funciona como un recordatorio de aquello que permanece dentro de nosotros, de ese impulso primigenio de mirar el mar, de sentirlo como hogar, de reconocer en sus formas algo que nos pertenece desde siempre. En ellas, Rebollida transforma la biología en arte, y el tiempo en lenguaje.
Con esta muestra, el artista invita al espectador a recuperar esa memoria profunda, a reconocerse en la erosión, en la huella, en la belleza que precede al pensamiento. TEMPUS nos sitúa frente a lo que somos: materia en movimiento, vida transformada, herederos de una estética nacida del mar.
Vamos a profundizar un poco más en este trabajo que, sin duda, va a marcar un punto de inflexión en la carrera de este artista castellonense. Y es que existe un origen personal y conceptual de Arquitectura del Mar. Todo comienza con su descubrimiento infantil del fondo marino, un espacio lleno de color y vida que lo marcó profundamente. Santiago Rebollida nace y crece en Benicàssim, un municipio a orillas del Mediterráneo con una riqueza paisajística de gran belleza. Décadas más tarde, al regresar a los mismos lugares, encuentra un paisaje empobrecido y transformado por la degradación ecológica. Esa pérdida despierta en él la necesidad de crear obras que no solo evoquen la belleza del mar, sino también su desaparición silenciosa.
A partir de esa experiencia nace La Esquilmación del Mar y, con los años, una evolución hacia piezas que recrean grandes losas marinas en bajo relieve. Estas obras no buscan representar la naturaleza de forma literal, sino evocar la memoria estética y biológica que el mar ha dejado en nosotros desde los orígenes de la vida. El artista desarrolla la idea de que nuestra sensibilidad ante la forma, el color y la textura procede de una memoria genética compartida: emociones heredadas que nos vinculan al mar como ese lugar primigenio.
Así pues, la fascinación humana por el mar no es solo cultural, sino ancestral, biológica y emocional. Contemplar los fondos marinos equivale a mirar aquello que vieron nuestros antepasados incluso antes de ser plenamente humanos. Por ello, el artista sostiene que su obra no nace del instinto primitivo, sino de aquello que hizo posible ese instinto: la memoria genética que moldeó la sensibilidad humana.
A este planteamiento conceptual se suma una técnica profundamente innovadora, desarrollada por Rebollida tras años de investigación material. Sus obras escultóricas nacen de un tejido de fibras que, al ser tratado con un fijador específico, se transforma en una membrana dúctil capaz de adaptarse al relieve como un lienzo vivo. Este proceso paciente, acumulativo, casi geológico, exige numerosas capas superpuestas para conservar cada ondulación, cada pliegue, cada huella que la superficie reclama. Una vez consolidada la forma, el artista aplica color y texturas mediante pigmento mineral, logrando una piel cromática que no recubre la obra, sino que parece haber emergido de ella. El resultado es una técnica inédita, un híbrido entre escultura, pintura y sedimentación natural que convierte cada pieza en un organismo visual único, imposible de reproducir por métodos convencionales.
Arquitectura del Mar se convierte en una invitación a recordar -a reconectar con ese origen compartido- y en una obra que pretende despertar una emoción profunda, previa al pensamiento. Rebollida afirma que su objetivo no es imitar la naturaleza ni reproducir estéticas primitivas: es continuar el gesto creador de la naturaleza misma y dotarlo de un discurso verdadero, capaz de ofrecer al espectador una experiencia auténtica de conexión interior. No se la pueden perder.