¿Qué es el arte? Pregunta aparentemente sencilla pero de difícil respuesta.
La facilidad radica en que, como decía Benedetto Croce, todos sabemos lo que es el arte. Es cuando intentamos definirlo cuando el tema se vuelve más complejo. La Estética, en cuanto a teoría del arte o filosofía del arte, ha intentado aproximarse al término para acabar concluyendo que se trata de algo complejo y, sobre todo, cambiante. El siglo XX, especialmente a partir de la corriente dadaísta, transformó la visión del arte más tradicional incorporando algunas aspectos como la provocación, la crítica a la sacralización del arte, a la mercantilización o a la nobleza de materiales.
En esta primera entrega vamos a intentar aproximarnos a esta escurridiza definición a partir de lo que se ha llamado los predicados del arte, es decir, las diferentes formas de entender el arte. Empezaremos por tres de estos predicados; un objeto artístico tiene que ser producto de una expresión individual o colectiva, debe despertar una experiencia estética o estar lo más próximo posible a la realidad.
El arte como autoexpresion: individual y colectiva. Una de las respuestas más frecuentes cuando preguntamos qué es arte sería afirmar que es el resultado de las emociones o sentimientos de un artista. Y es que hay tantos ejemplos. Una pintura de Van Gogh o Edvard Munch, los autorretratos de Frida Kahlo o Francis Bacon, un poema de Pablo Neruda o Machado… Y aunque parezca acertada para estos casos que acabamos de mencionar lo cierto es que esta concepción es relativamente reciente. Fue el Romanticismo del siglo XIX el que apostó por el yo personal. Nadie resta mérito artístico a la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, el Pantocrator de San Clemente de Tahull o el Nacimiento de Venus de Botticelli, por nombrar algunos, y en cambio ninguno es fruto de la autoexpresión del artista. Se trata, en la mayoría de los casos, de encargos a un artista que pone su talento al servicio de la Iglesia u otro poder de turno.
Una crítica evidente a este predicado es la de plantear si todo artista tiene que sentir para hacer su obra. ¿Acaso el escultor barroco Gregorio Fernández no traspasa el alma del fiel con sus cristos yacentes sin que, por supuesto, haya sufrido en sus carnes las marcas del martirio? ¿Necesita el pintor italiano conocer el sentimiento de una madre por su hijo para conmovernos con una Madonna y el niño? Se puede conocer intelectualmente algo y luego expresarlo sin necesidad de sentirlo.
Por otro lado está el caso de obras que no transmiten emoción alguna por parte de los artistas. Sus creadores renuncian a mostrar ningún sentimiento. El Impresionismo es un ejemplo claro. Monet, Sisley, Pisarro y el resto de compañeros buscaban solo hacer un estudio de la luz, sin transmitir emociones. El cubismo de Picasso o Georges Braque es el mismo caso. La abstracción geométrica (constructivismo, neoplasticismo…) de Mondrian, El Lissitzsky, Stepánova, Tatlin…
Así pues concluyamos que aunque hay muchas obras que parten de la autoexpresión, no toda manifestación artística es auto expresiva. En el caso de la autoexpresión colectiva la crítica al predicado sería la misma. Cuando nos referimos a este conjunto de obras las detectaremos fácilmente porque los artistas se vuelven portavoces de un sentimiento de la comunidad. En música los ejemplos más claros serían los cantautores en periodos de conflictividad social. En artes plásticas tenemos en la corriente feminista numerosos ejemplos, sin olvidar otros casos como el de la alemana Käthe Kollwitz.
El siguiente de los predicados es aquel que vincula una obra artística con la experiencia estética que genera en el espectador. Para quienes no lo sepan tener una experiencia estética es mirar de una manera distinta. No como estamos acostumbrados con una mirada práctica. Cuando miramos un objeto artístico debemos sentir un desinterés hacia el mismo. Es algo así como un abandono, un desprendimiento. No debemos establecer ninguna relación con nosotros. Es lo que se ha venido a llamar distancia estética. Espero que ustedes hayan tenido esa experiencia al contemplar un cuadro, escuchar una canción o leer un libro. Pero, ¿y si lo que a mí me ha despertado esa actitud estética a ustedes no? Y es que nos podemos encontrar que ante una misma obra de arte haya personas que disfruten de una experiencia estética y otras no. Y vamos a complicarlo todavía un poco más. ¿No han sentido alguna vez un sentimiento parecido al contemplar una puesta de sol o un paisaje deslumbrante? Hay objetos de la naturaleza que pueden despertar una experiencia estética en quien los contempla y no son propiamente obras de arte.
Hoy completaremos esta entrada con el tercero de los predicados (y todavía nos quedarán otros tres). Se trata del arte y la aproximación a la realidad, o lo que es lo mismo, la mimesis de la realidad. Mientras que Platón denostaba al artista por ser un mero imitador, su discípulo Aristóteles pensaba que la mimesis es algo innato en el ser humano. Y es que aprendemos por imitación. En la Edad Media los postulados de ambos filósofos siguieron teniendo gran predicamento en el periodo Románico (en el caso del primero) mucho más simbólico y en el Gótico (en el segundo), más naturalista, que desembocará en el Renacimiento y el exaltado Barroco. De hecho hay corrientes que llevarán estos postulados hasta el extremo como el Realismo decimonónico de Daumier o Courbet, por citar algunos, y el hiperrealismo de la segunda mitad del siglo XX. Pero me temo que por mucho que un artista quiera recrear la realidad de la manera más objetiva posible siempre habrá aspectos subjetivos de los que no puede huir.
¿Y qué me dicen de la música? Un arte en el que la imitación o copia de la realidad se torna mucho más difícil. ¿Y el arte abstracto? El siglo XX trajo la separación entre arte figurativo y arte abstracto. La abstracción no icónica no tiene ningún referente fuera de ella misma. Piensen en una obra de Jackson Pollock.
Así pues concluyamos que de estos tres predicados del arte ninguno es concluyente ni aporta una definición global para todo aquello que llamamos obra de arte. Estén pendientes de nuestra segunda entrega. Tal vez aportemos algo más de luz.